Eso no es curar

¡Buenas tardes a todos!

Tardo un poco en escribir esta entrada, pero es que las mañanas en Urgencias son bastante intensas, y cómo no, las tareas que nos mandan hacer para el Prácticum también. Además, con el tema de que empiezo la academia, es una semana movida e interesante.

Esta semana he tenido tiempo de reflexionar, y si bien tengo material suficiente para varias entradas, hoy me voy a centrar en la que sigue. Os cuento:

En uno de estos días en Urgencias pediátricas, llegó un niño con una torcedura de tobillo. Al explorarle, la adjunta observó que el dolor que refería el niño era sobre prominencia ósea, con lo que estimó oportuno hacer una radiografía. Para tratar de explicarle al niño lo que se le iba a hacer, le dijo: “Vamos a hacerte una foto para ver cómo está el tobillo”. Y el chaval, ni corto ni perezoso, soltó “¿Una foto? Pero… ¡eso no es curar!”.

En el momento, la verdad es que fue una salida bastante graciosa por parte del crío, pero si pensamos un poco más y sacamos jugo de esa frase, no le falta razón. En este caso era una prueba indicada, pero… ¿cuántos padres hemos visto llegar a Urgencias exigiendo que se les hagan multitud de pruebas? Todo porque no se quedan tranquilos si no es así, o porque en el Centro de Salud les han dicho que les iban a hacer X prueba y no admiten otro tipo de atención por respuesta. Y aunque parece que voy a lanzarme a favor de los médicos, hoy voy a ser crítica con nosotros mismos. Si el paciente no comprende que a veces, pedir más pruebas no es mejor, quizá es que no hemos sabido comunicarlo adecuadamente a nuestra población, a nuestros pacientes (o futuros pacientes, en mi caso).

Por supuesto que hay gente de todos tipos: personas que entienden las cosas a la primera, personas que no se bajan del burro. Pero también me he encontrado en mis prácticas clínicas desde tercero de carrera a médicos con unas habilidades comunicativas envidiables y médicos que, por el contrario, ni siquiera intentan explicar que esa prueba no es necesaria en este momento, sino que la mandan y ya está. Y creo que es tarea de todos esforzarnos un poco en explicar o en comprender, según el rol que tomemos, cuándo es menester solicitar una prueba y cuándo es innecesario. Más aún si se trata de tests invasivos o que requieren el uso de radiación, o aquellas que se practicarán en niños.

Así que, en este caso, me planteo varias preguntas: ¿son las habilidades comunicativas de los médicos suficientemente buenas, o deberíamos entrenar más este aspecto? ¿Cómo podemos resolver este tipo de conflictos cuando se nos presentan en consulta o en Urgencias para evitar situaciones incómodas e infructuosas? Personalmente, creo que la respuesta a ambas está bastante clara, pero aún hay mucho que hacer en este campo.

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