Un monstruo viene a verme

¡Buenos días, lectores!

Llevo unos días inactiva, es verdad, pero es que esta semana ha sido intensa. Por una parte, como empecé la academia MIR, el fin de semana anterior tuve el primer simulacro (que no ha ido nada mal, todo sea dicho) y por otra parte durante esta semana se ha celebrado en mi Facultad la Semana de la Exploración, con una serie de talleres que impartimos los propios alumnos de cara a los ECOE, para enseñar a los cursos inferiores y de paso recaudar un dinerillo para la graduación y/o viaje.

La experiencia de dar clase en tu propia Facultad es algo bastante interesante: te das cuenta de lo que está haciendo cada una de las personas que asisten a tu taller: que si uno bosteza, que si el otro está interesadísimo, el otro empanadísimo… hay de todo. Y de verdad que se ve todo, como nos decían los profesores. Es alucinante. Pero al margen de los dos o tres típicos que hay siempre, en general todos los asistentes participaron, estuvieron interesados y se lo pasaron bien, que es lo que cuenta. Y cómo no, lo mejor es acabar el taller y que se acerquen a tu mesa a darte la enhorabuena, decir que les ha gustado mucho, o preguntarte dudas. Es una experiencia que recomiendo a todo el mundo 🙂

Por otra parte, esta es la segunda semana que estoy en prácticas de psiquiatría, y de verdad que es una especialidad diferente. En un principio pensé que me aburriría un poco, al estar en un ambulatorio, pero nada más lejos de la realidad. Y también pensaba que sólo vería depresiones y que sufriría, porque esos pacientes me crean mucha transferencia. Porque sí, la depresión es como ese monstruo que viene a verte. Y bueno, es verdad que se ven muchas depresiones, que pacientes psicóticos se ven menos, pero es gratificante ver cuando llega alguien diagnosticado de esquizofrenia que tiene una buena adherencia al tratamiento, se lo está tomando bien, le está haciendo efecto y está tan tan bien, que si lo ves por la calle o hablas con él sin conocerlo de antes, no te imaginarías nunca que tiene esa enfermedad. También están luego los típicos abuelillos majetes que vienen porque están en proceso de duelo por la pérdida de su cónyuge después de tantos años, y te llevan caramelos, te dicen que la doctora es muy buena y que “aprendas mucho”, y cosas así. Son entrañables. Y bueno, de vez en cuando también llegan casos de estos tipo brote psicótico con todos los artificios posibles, del palo de “conozco a Vladimir Putin y me va a pagar una operación de alargamiento de miembro”, y delirios a cuál más imaginativo que el siguiente.

La mente humana nunca dejará de sorprenderme.

Y bueno, sin más, os dejo que disfrutéis de este Halloween, ¡que sea muy terrorífico y que descanséis! Aprovechad el puente 😉

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