Adjudicación de la Plaza #MIR

¡Buenas a todos!

Sí, he tardado un poco en escribir, pero la ocasión merecía la pena…

¡YA TENGO PLAZA!

(*party hard*)

Y ahora es cuando procedo a contaros un poco la experiencia 🙂

La verdad es que el primer elemento novedoso del viaje a Madrid fue precisamente eso, el viaje. Había viajado en tren de Renfe otras ocasiones, pero era tren “normal”, por así decirlo. Tipo Euromed y similares. No obstante, esta vez era un AVE y tenía ganas de ver cómo era viajar a 300 kilómetros por hora, sinceramente. La experiencia no ha sido mala: la ida fue un viaje suave, sin movimientos extraños, muy poco taponamiento de oídos por la velocidad… La vuelta fue un poco más sufrida a nivel auditivo y aún me molesta un poco el oído derecho si me pongo auriculares, pero poca cosa más.

Llegamos mi novio y yo a la capital y la verdad es que no nos dio tiempo a ver mucho el día de llegada. Pisamos suelo firme relativamente tarde y solo quedaba cenar y esperar el nuevo día. Cosa que se me dio bastante mal, porque lo que es dormir, cero. Cada 10 minutos despertándome, una angustia vital… Que ahora me río pero se podría decir que he tenido más nervios en el propio día antes y la mañana de la elección que durante el examen MIR.

La mañana de la elección fue toda una experiencia. Llegas a la puerta del Ministerio (lateral o principal según te toque), y ves a todos los que eligen en tu mismo turno y sus respectivos acompañantes. Todo un tumulto de gente, vamos. Abren las puertas los de seguridad y entras, ya sin acompañantes, que esperarán fuera en la puerta principal a que salgan los aspirantes. Te meten en una sala, al principio en penumbras, y empiezan a llamar por estricto orden de número. Según si eres número par o impar, vas a una mesa y te ponen una pegatina roja. Pasas un escáner de Rayos X, te dan la lista de plazas vacantes y pasas al salón. Y desde ahí vas viendo cómo llaman a los que van delante de ti y se van cogiendo plazas hasta que te toca. La verdad, la suerte que tuve fue increíble: he podido coger la última plaza que quedaba de mi segunda especialidad preferida en el hospital que más me gustaba de todos, y estoy muy, muy contenta.

Salí de la sala sin tropezarme por los escalones (sí, la gente se tropieza después de coger la plaza por la emoción… ¡tres de los anteriores a mí lo hicieron! y mira que te lo avisan hasta en la academia). Tuve que hacer un esfuerzo por no llorar de emoción, he de reconocerlo. Pero es que soy un grifo abierto, eso también es verdad. Al fin, ya sabía qué iba a ser de mí después de todo: el TFG, los ECOE, el MIR… Me recibieron mi novio y una compañera, ahora Co-R mía, me tomé la foto de rigor con el papel de la plaza delante de la puerta del Ministerio y, ahora sí, a disfrutar del resto del viaje y a hacer turismo del bueno.

En fin, las emociones son fuertes y el momento de salir, inolvidable 🙂

Aprovecho la entrada para dar gracias a mi pareja, familia y amigos por haberme aguantado hasta conseguir mi objetivo. Sin ellos, habría sido el doble de arduo :*

 

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