La primera guardia #EsMiPrimeritoDía

¡Buenas tardes!

Hoy tengo una entrada interesante para vosotros, y emocionante para mí: ¡estoy saliente de mi primera guardia! 😄 😴 Así que voy a contaros un poco las sensaciones que he ido teniendo durante las horas de guardia hasta salir de Servicio de Urgencias.

Empezamos mis compañeros y yo a las 8 de la mañana, asistiendo al pase de guardia. Ello implicó perdernos la sesión de Familia, pero no nos pusieron ningún problema al respecto, al contrario: nuestra tutora va a suspender las sesiones que quedan hasta verano para que no tengamos problema alguno. Por lo visto, en verano no hay sesiones clínicas, y solo quedaban unas pocas por hacer, así que se decantó directamente por anularlas y facilitarnos las cosas.

El reparto quedó como sigue: cinco de nosotros se iban a Intermedios, o “Inter” para los amigos: cada residente en un box pasando pacientes a modo de consulta, pero de Urgencias. Sobre esta zona del Servicio no puedo decir mucho porque aunque he hecho mochilas, no he hecho guardia aún en dichos boxes. Pero total, mi siguiente guardia es ahí, y encima en la noche de San Juan, así que me da que va a ser intensa y que me dará para otra entrada de blog. Lo malo de esa zona básicamente es el dormir, creo yo, porque mis pobres compañeros apenas han tenido tiempo para dormir una hora, hora y media a lo sumo…

Por otra parte, mi compañera y yo nos fuimos al área, donde van pacientes más graves (aunque a veces se cuela algún código azul que no debería estar ahí pero eso es otra historia). El área es una habitación con unas 30 camas, alguna más en realidad, y está dividida en dos, de modo que yo iba al área 1 y mi compañera a la 2. De alguna manera, desconozco por qué, en su área empezaron a entrar muchos más pacientes que en la mía y la pobre acabó llevando hasta a 5 pacientes a la vez. No sé si serán muchos o pocos en la práctica diaria, según el adjunto no era mucho, pero creo que para una primera guardia puede ser demasiado. Intenté asumir al menos alguno de sus pacientes para quitarle carga, porque hubo un momento en que yo no llevaba a nadie, pero supongo que por motivos organizativos el adjunto no nos lo permitió, y nos dijo que los viéramos entre las dos, eso sí. No sé, sufría viendo a mi pobre Co-R hasta arriba y yo sin poder ayudarla como a mí me hubiera gustado… Pero bueno, le adelanté algo de faena y espero que le fuera de utilidad. En general, puedo decir que la mañana estuvo muy bien, donde más pacientes vi yo, y que el adjunto me invitó a un café que yo pensaba que no me hacía falta pero creedme, era necesario. Me sabe mal que me inviten siempre, de hecho voy con el monederito siempre a la máquina, pero no me dejan pagarlo.

El tema de las comidas de las guardias es algo interesante: no sé cómo será en otros hospitales, pero en el mío nos entra gratis la comida, la cena y el desayuno de la mañana siguiente, justo antes de salir de la guardia. Puedo decir y diré que la comida de la cafetería de guardia está bastante buena. Aunque como todo, hay que saber qué pedir. Me llamó mucho la atención la mini- máquina expendedora de refrescos, tipo a las del Burger King o cadenas del estilo, donde puedes rellenar tu vaso tantas veces como puedas. Era tal cual ese aparato, pero en chiquitín. “Mira, fomentando la dieta Mediterránea”, pensé. Y me medio reí yo sola. El tiempo para comer o cenar no está mal, sueles tener cerca de una hora, si estás en el área ese día. De nuevo, aquí los que peor están son los de Intermedios, que como tienen que acabar sus pacientes antes de salir, pierden parte de esa hora para comer, y tienen que hacerlo súper rápido. Comer en el hospital no se me hizo raro, pero cenar sí, porque se apreciaba a través del ventanal que ya era de noche, y yo seguía ahí. De nuevo, para la cena es una hora, normalmente algo menos, y con más motivo si te toca Intermedios.

Dormir, otra historia más que contar: la verdad es que en esta primera guardia he tenido mucha suerte, porque no sólo me ha tocado área, que estás más supervisada (o esa sensación te da, porque no estás sola en un box) sino que además he podido dormir unas tres horas, que no está mal. Partimos el turno de noche, de modo que mi compañera se quedó despierta de 12 a 4 y yo a partir de las 4 hasta las 8. Las instalaciones para dormir están muy bien: entras y tienes un pasillo central con los baños en la pared de la derecha, independientes de los cuartos. Otro pasillo cruza en perpendicular, repleto de habitaciones, cada puerta con un cartel (AKA folio pegado con celo) especificando quién duerme ahí, y al fondo del pasillo central una puerta de ese estilo, algo más grande, donde ponía “MIR Urgencias R1”. Entrabas y tenías unas literas, de dos camas cada una, ocho puestos en total. Camas de viscoelástico, quién me lo iba a decir. Con su almohadita, todo bien hecho, bien organizado… No sé si es porque estaba algo cansada ya o qué, pero me parecieron hiper cómodas. Parecía una habitación de un minihotel, pero sin interruptor para la luz. O yo no lo encontré. Aún así, me costó dormirme porque, de nuevo, es raro dormir en hospital. Y además, estaba con el temor de que no me sonase el despertador y llegar tarde a relevar a la compañera. Al final nada de eso ocurrió, bajé puntual y todo discurrió adecuadamente.

¿La anécdota de la guardia? Hay muchas, pero yo me quedaría con la cuidadora a la fuga. El resumen, sin desvelar datos vulnerables por secreto profesional: tenía a un abuelito que vino con la cuidadora. Según iba avanzando en su tratamiento y vigilándole, yo iba llamando a la cuidadora para informarle, dando por sentado que ésta se lo iría relatando a la familia. Pues bien, cuando se decidió el alta finalmente, imprimí las recetas y antes de emitir el informe, la llamé. Y no venía. Y seguía sin venir. Me acerqué al mostrador de la sala de espera, el llamado SAIP, a ver si llamando por megafonía de allí se oía. Porque a veces pasa eso, no se oye bien llamando desde el área, pero por el micrófono de SAIP sí lo oyen y acuden… Pero no. Vamos, que se había ido. Llamamos a la familia y descubrimos que la familia se quejaba de que no les informaban de nada (cuando a la cuidadora se le había llamado varias veces) y que la señora cuidadora en cuestión se había inventado que le habíamos dicho de irse y volver a la mañana siguiente, y se había largado. Así que ahí estaba el paciente, solo. Me tocó pedir una ambulancia para que el señor pudiera volver al hogar. Increíble.

En fin, mi siguiente guardia es en la Noche de San Juan… Me parece que voy a ir preparando una chuleta sobre tratamiento de intoxicación etílica… 🤣

¡Hasta la siguiente entrada!

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