Primer Congreso como Residente

¡Buenas tardes a todos!

Me vais a permitir el relax a la hora de escribir, pero es que al fin estoy de vacaciones. No había tenido nada de vacaciones desde el 25 de mayo que empecé a trabajar, y la verdad es que ya me hacía falta. Y por fin, hasta el 2 de noviembre incluido, estoy descansando 🙂

Hoy os vengo a contar la experiencia del que ha sido mi primer Congreso como residente. Sí, había estado en otros Congresos previamente, bien exponiendo como estudiante, o bien invitada por alguna adjunta. Pero éste es el primero al que voy como residente. La verdad es que no me paré a pensar en preparar nada para exponer, quise disfrutar la experiencia y ya en sucesivos Congresos llevaré alguna comunicación oral.

Empecemos por el principio.

El Congreso al que he asistido es nada más y nada menos que el 40º Congreso Nacional SEMERGEN, este año desarrollado en Palma de Mallorca. Cabe resaltar el entusiasmo que genera el ir a las islas cuando no has ido nunca, y rememorar cómo es viajar en avión. Solo había ido una vez, al finalizar segundo de Bachiller, el típico viaje de fin de curso a Londres. No me acordaba ya de cómo te incrustas en el asiento cuando el avión coge carrerilla para despegar, y de las vistas desde la ventanilla según el avión se eleva (o desciende). Os puedo asegurar que llegar a Valencia de madrugada y ver las luces de la ciudad cuando aún es de noche desde el avión… es una visión irrepetible. Le hubiera hecho una foto en ese momento a ese paisaje, pero me daba un poco de cosa sacar el teléfono en un avión… aunque estuviera en modo avión, valga la redundancia. Preferí estar atenta a lo que veía y guardar ese recuerdo en mi hipocampo.

El primer día me pilló un poco de pardilla. Había una cena cóctel y quise ir algo más arreglada, tacones incluidos. Error. El próximo Congreso os juro que me voy en zapatillas de deporte, o al menos algo más cómodo. Las ganas de emanciparme de mis pies eran crecientes según pasaban las horas, y más teniendo en cuenta que estuvimos de pie desde las 4 de la tarde hasta la madrugada, cuando nos fuimos unos de fiesta y otros a la casa apartamento que habíamos pagado para esos días.

El resto de días transcurrieron algo más cómodos respecto a lo que mis pies concierne, y alternando entre conseguir cosas gratis en el Congreso, asistir a los talleres y mesas que nos habíamos apuntado, intentar colarnos en los que no, y por supuesto turistear por la ciudad.

Respecto a los talleres, charlas y demás, yo tuve bastante suerte. Escogí un taller de mejora de la calidad de vida en pacientes con enfermedades neurodegenerativas (en la práctica fue solo para pacientes demenciados), y una mesa sobre Violencia de Género. En el primero nos dieron estrategias bastante útiles para cuidar los aspectos cognitivos, ciclo de sueño, etc. en este tipo de pacientes, y aunque fue bastante denso también fue útil. En la segunda, aunque no era de tipo práctico, sí que se arrojó bastante información interesante. Alguna de las cosas ya las conocía, como el ciclo de la violencia, pero otras no, como el funcionamiento psicológico del agresor y las características de la personalidad que más comúnmente se repiten en este tipo de individuos. Me sorprendió bastante que la charla fuera impartida por un hombre y que realmente dijera cosas coherentes y ninguna estupidez. Sé que tal cual lo he escrito suena un poco a aires de superioridad, pero es que no sería la primera charla en la que se incurre en errores de base conceptuales a partir de los cuales el resto de la charla ya está mal. Y otra cosa que me sorprendió, esta vez para mal, es que entre los asistentes sólo había dos hombres. Literalmente, porque los conté. Qué poco interés… Y por otra parte, la sala que la Organización reservó para esta mesa no tenía espacio suficiente para la cantidad de personas que se habían apuntado. La mitad de las personas se quedaron fuera.

Cambiando ya de tercio, al margen del sobremasificado Congreso (5000 asistentes…) el aspecto turístico estuvo genial. Palma de Mallorca es mucho más interesante de lo que yo me la imaginaba, y tiene multitud de rincones con encanto. Me fascinó toda la zona colindante a la Catedral, la misma Catedral en sí y el casco antiguo. Y las ensaimadas de Can de s’Aigo… deme diez. Si vais a Palma buscad ese sitio. Hay que hacer cola pero merece la pena y el precio es sorprendentemente normal. La fama no ha hecho que lo inflen.

Así que nada, después de todas esas emociones, al fin en casa descansando… Y la semana que viene de viaje otra vez, pero ya no por Congresos ni movidas. Vacaciones de verdad, en pareja. Ya os contaré 😉

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