Estilos comunicativos

¡Hola a todos!

Hoy he llegado súper tarde a casa, he comido casi a las 4 de la tarde, pero a pesar de ello estoy bastante contenta, y es que he visto el tipo de consulta de Centro de Salud que me gustaría poder hacer a mí algún día. Y vengo motivadísima a contaros cómo ha ido.

Como sabéis, estoy rotando en Salud Mental durante el mes pasado y este. Y sí, claramente no voy a llevar una consulta de Salud Mental porque no es mi campo, pero cuando hablo de llevar una consulta así no me refiero al tipo de enfermedades que se ven, sino al estilo comunicativo con el paciente.

Durante estos dos meses, he ido pasando consulta con diferentes adjuntos, tal como me recomendaron desde el principio, para poder ver diferentes estilos de consulta y diferentes formas de abordar a los pacientes. Evidentemente, hay de todo: los hay más escuetos, otros que indagan más en la biografía del paciente que tienen delante… y todos tienen en común una cosa que creo que se nos olvida bastante, o le damos quizá menos importancia de la que tiene: presentarse y despedirse. Sobre todo presentarse. En todas las consultas que he estado, siempre, lo primero de todo, dar la mano, saludo cordial, “me llamo X, y voy a ser su psiquiatra” o “me llamo X y hoy puntualmente le voy a atender porque su psiquiatra habitual no está”… como proceda. Y por supuesto, o me presentaba yo acto seguido, o me presentaban ellos directamente. Bien haciendo uso del nombre, o bien del apellido. Que para gustos, colores.

Eso está muy bien, yo diría de hecho que es imprescindible. Pero siempre se puede ir un pasito más allá, que es lo que yo considero que he visto hoy. Y para que veáis a lo que me refiero, voy a poner unos ejemplos. Una de las personas que hemos atendido hoy era una chica que venía por un duelo a causa del fallecimiento de su madre, y se quejaba de que tenía unas pesadillas raras, con un contenido que ella no sabía interpretar. Además tenía otros problemas, pero el tema de los sueños que nos contaba le intrigaba bastante y le causaba bastante malestar porque le interfería con un adecuado descanso nocturno. En esta chica en concreto el tema de conseguir un buen descanso era imprescindible para evitar que se descompensasen sus otros problemas a nivel psiquiátrico, aunque a decir verdad mantener un buen sueño de calidad es importantísimo para todos. Así que, vista la situación, la psiquiatra le ha explicado las distintas fases del duelo, aquellas que explicaba perfectamente Elizabeth Kübler-Ross.

Las diferentes fases del duelo se pueden atravesar en un orden variable, o incluso se pueden repetir… hasta llegar a la aceptación definitiva del hecho acontecido.

Otro de los ejemplos del día de hoy: una persona que venía convencidísima de que uno de los medicamentos que le habían puesto le había sentado mal (cuando en realidad el fármaco que había producido el problema era otro). La cuestión es que en la visita anterior se había añadido un medicamento de nuevo. Uno que en ocasiones anteriores ya había tomado pero que en este momento no estaba usando (llamémoslo fármaco A). Y al mismo tiempo, se subió la dosis de otro que estaba tomando de forma continuada (fármaco B). Hoy a la persona en cuestión le tocaba visita nuevamente, y acudió contando un efecto adverso de alguno de los dos fármacos. Pensaba que se debía al fármaco A, aunque dudaba acerca de si podría deberse al fármaco B, pero lo consideraba menos probable. Pues bien, la psiquiatra empezó a hablarle sobre por qué debía ser el B, y no el A, y a hacerle entender cómo funcionaba cada uno… Y posteriormente consensuaron un tratamiento adecuado a lo que la persona necesitaba, pero a su vez acorde a lo que se sentía confortable tomando. Así, es más fácil que cumpla el tratamiento y mejore.

¿Veis a lo que me refiero? Si nos tomamos un mínimo de tiempo en explicar las cosas, no sólo lo que hacemos y por qué, sino también lo que no hacemos, muchos de nuestros pacientes van a entender los motivos y van a tener más confianza en nosotros. Van a cumplir mejor los tratamientos y en definitiva tendrán más probabilidades de éxito terapéutico. No se trata de ser paternalistas (cosa que odio) o de tener excesiva cercanía con el paciente (ciertos límites son necesarios), pero sí debemos pensar en el paciente como una persona más con la que interaccionamos. No esingenuo, no es inferior, simplemente a veces necesita un plus de empatía y de información.

Como veis, estoy intentando escribir de la forma más asidua posible para daros más contenido, e intentando que sea cada vez más útil y más interesante. Espero que os haya resultado entretenida la entrada de hoy, y os espero en la siguiente, que será en breves 😉

Sentíos libres de comentar, compartir mi contenido, contactarme o invitarme a un cafecillo 😛

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