Ahora que desescalamos…

¡Hola de nuevo!

Después de un mes frenético y desorganizado, anulándose rotatorios, y sin que sepamos cómo se va a gestionar la asistencia cuando se vayan los R4/5 y no entren R1s nuevos… he vuelto por estos lares.

Estoy escribiendo esto después de una guardia en la que he podido comprobar hasta dónde las personas han sido capaces de aguantar en sus domicilios. Decíamos que había gente que no se lo había tomado en serio, que habían contravenido las normas del confinamiento… y sí, claro que las ha habido. Pero al mismo tiempo ha habido un gran volumen de población que ha cumplido estas medidas por encima de sus posibilidades. En una sola guardia, yo he rellenado y firmado un parte de defunción por primera vez durante mi residencia (¡gracias, Roberto, por aquella sesión que diste!), llegaron además dos pacientes diferentes que fueron asignados a otros compañeros y que también fallecieron por otros motivos (llegar a paradas, fallecer). Y otro individuo también llegó al Servicio para acabar con el mismo final. Cuatro en 24h.

Y esto me hace pensar.

Estamos en una situación en la que las estadísticas se centran en contabilizar casos y defunciones por COVID. Pero las personas infectadas no son las únicas afectadas. Estas personas han sido, en cierto modo también, víctimas del virus. Por el miedo, por la desinformación, por el exceso de información. Por las diferencias en los recursos de los que cada uno dispone. Por la pobreza, por la riqueza de algunos.

No me puedo llegar a imaginar, por mucho que lo intente, por mucha empatía que tenga, la intensidad del miedo que muchas personas han tenido que experimentar como para preferir aguantar en casa hasta sentirse desfallecer (sobre todo tercera edad, enfermos crónicos, inmunodeprimidos).

Soy la primera que reivindica mejoras para los sanitarios y en concreto para los médicos, que es el colectivo que mejor conozco por formar parte de él. Pero no nos confundamos: eso no quiere decir que los que reivindicamos nos estemos olvidando de estas personas, que en muchos casos son el sostén e inspiración principal para seguir ejerciendo. Porque en el fondo, lo único que queremos, es que la gente reciba asistencia adecuada cuando lo requiera. Porque al menos yo, escogí esta profesión porque quiero ayudar a la gente. No únicamente “salvar”, como se dice muchas veces, no. Ayudar. Cuidar. Paliar. Acompañar. Y ya hasta eso nos quita la pandemia.

No es justo.

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