Probiótico y prebiótico: parecidos razonables

¡Hola a todos!

Hoy traigo un post (con algo de retraso, lo sé, he estado liada) acerca de algo que me preguntáis con relativa frecuencia: el uso de probióticos y prebióticos.

Para empezar, hay que tener claro que aunque son cosas parecidas, no son lo mismo, ni se usan de igual forma. Un probiótico es un compuesto que contiene en su interior bacterias beneficiosas para el ser humano. Un prebiótico, en cambio (con “e” en lugar de “o”) es un compuesto que incluye aquellas fibras y otros elementos de los cuales nuestras propias bacterias se alimentan, para favorecer su correcto crecimiento y obtener todos los beneficios de las mismas, sin aportarlas directamente desde fuera.

Este yogur tiene una pinta…

Para entendernos adecuadamente, pongamos un ejemplo. Imaginad que tengo una paciente con síndrome de colon irritable: es una persona a la cual le influirán mucho los alimentos que tome, cómo estén preparados, los horarios de alimentación… pero también las emociones y posibles problemas que surgen en el día a día. Una persona que tenga esta dolencia padecerá de periodos de estreñimiento alternados con periodos de diarrea, sin que haya ninguna causa orgánica que lo justifique… ¿o sí?

Queda mucho por conocer acerca de este tipo de enfermedades funcionales, pero parece que los probióticos pueden ayudar. Hay una hipótesis que dice que, tal vez, algo que pueda explicar este problema es que las diferentes bacterias de esa persona en su intestino no se encuentran en las proporciones adecuadas, lo que influye en cómo es la digestión. Faltan bacterias de un tipo, sobran de otro, y eso puede contribuir a las alternancias de estreñimiento y diarrea, así como generar más gases en el intestino y provocar distensión abdominal (abdomen hinchado). En mi rotatorio de Medicina Digestiva pude comprobar cómo a este perfil de paciente se le realizaba un tratamiento, por así llamarlo, de “repoblación intestinal” (no se llama así, me lo he inventado para que me entendáis).

Ese tratamiento constaba de una primera fase en la que se indicaba al paciente la toma de un antibiótico con el fin de erradicar el sobrecrecimiento bacteriano que padecía. Después, ya con la cantidad de bacterias propias del intestino del paciente disminuida, se procedía a aportar probióticos vía oral (es decir, bacterias beneficiosas en las proporciones en que han de estar) para que llegasen y repoblasen ese intestino. Esto producía en muchos de los pacientes mejoras sustanciales de su problema, aunque el efecto era temporal y había que repetir el tratamiento cada equis meses. De esta forma, lo que se lograba era sustituir las bacterias del intestino por otras con mejores cualidades para aliviar los síntomas. No obstante, es fundamental mantener una buena pauta de alimentación, pues al final somos lo que comemos, y tenemos las bacterias que tenemos por lo que comemos. Y de nuevo, funcionan como funcionan por los alimentos que les hacemos llegar por nuestro intestino (de ahí que la mejora sea temporal si no se corrigen los malos hábitos alimentarios).

Una alimentación variada, con abundancia de vegetales y evitando ultraprocesados, hará que nuestra microbiota intestinal esté sana, y por ende, nosotros también.

Ahora estaréis pensando que ya tenéis claro qué es un probiótico y los beneficios que puede tener, pero… ¿y los prebióticos? Pues bien, es más sencillo: un prebiótico estará compuesto de aquellos alimentos favoritos de aquellas bacterias que nos interesa hacer crecer, por lo que es otra manera de regular nuestra microbiota. Fundamentalmente contienen fibras vegetales, precisamente porque sabemos que este tipo de alimentos son los más beneficiosos para mantener a nuestras bacterias sanas.

Por cierto, aprovecho el final de la publicación para comentar algo al respecto: los probióticos pueden estar formados por muchísimos tipos y subtipos de bacterias, y no solamente están destinados al tubo digestivo: también los hay para el área genital, entre otros aspectos. En general, para todas las zonas del cuerpo donde vivan bacterias que nos otorgan protección y salud. Por ese motivo, existen formulaciones de probióticos específicas para cada problema y para cada parte del cuerpo que se quiera tratar. Por tanto, antes de comprar uno, consultad con vuestro médico para valorar qué fórmula es la más adecuada a vuestro caso.

¡Espero que os haya sido de ayuda! Y ya sabéis, para cualquier duda o consulta, tengo los mensajes directos tanto de twitter como de instagram abiertos.

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