La noche de los sueños rotos

¡Hola a todos!

Hoy vengo para contar mi primera experiencia con las guardias de SAMU.

En resumen: duro, pero gratificante y didáctico. Me quedan otras 4-5 que hacer, pero he empezado por la puerta grande, con avisos ininterrumpidos desde las cinco de la tarde hasta las cuatro de la madrugada.

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Resumiré más o menos (sin identificar a nadie) los avisos que tuvimos, para que os hagáis idea de lo que pude ver (y aprender) y las situaciones en que nos vimos, todo en una noche.

El primero de todos empezó fuerte: nos llamaron de un Centro de Salud por un paciente con dolor torácico de características típicas (es decir, que sí parecía un infarto o al menos una angina de pecho). Cuando fuimos a recogerlo no había cambios en el electrocardiograma pero al llegar al hospital repetimos el electro y… voilà. Al menos, habíamos llegado muy a tiempo y el paciente fue atendido en seguida.

Después de ese, tuvimos otro aviso de un paciente diagnosticado de esclerosis tuberosa y que había convulsionado en el domicilio mientras veía el juego del calamar (os confieso que esa serie me da un poco de yuyu verla, aún no la he empezado). La cosa fue que el hombre no quería ir al hospital, a pesar de lo extraño de la situación y el susto de su pobre mujer, que fue la que lo vio todo y nos avisó. Como es lógico, no puedes obligar al paciente a ir, con lo que hubo que sacar una hoja donde el paciente firma como que no quiere ir al hospital, y el hombre se quedó en su casa. Posteriormente durante la tarde nos enteramos de que volvió a convulsionar y finalmente otro vehículo de transporte sanitario se lo llevó a Urgencias de su hospital.

Tras ese, tuvimos un par de avisos de menor importancia, que no requirieron nuestra intervención, y luego llegó el primer aviso serio de verdad. Una parada cardiorrespiratoria en un gimnasio.

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Un hombre joven, sin antecedentes importantes, que durante una sesión de fisioterapia había sufrido una parada cardiorrespiratoria. Cuando llegamos, el hombre estaba tirado en el suelo, haciendo gasping (boqueaba, pero no respiraba realmente) y ya le habían puesto el DESA (el dispositivo del cual os he hablado ya en mis entradas de instagram). Por fortuna, el mal trago duró poco porque el paciente salió rápido de la parada, y volvió en sí. No obstante, a nivel neurológico no estaba bien, no conectaba con el medio, reiteraba frases… no era lo normal, o lo esperable tras una parada, así que lo llevamos al hospital. Nótese que después de una parada, aunque el paciente se recupere perfecto, tiene que ser transportado igualmente al hospital, pero en este caso había doble motivo. No sé cómo quedaría el hombre pero la verdad es que me preocupó.

Después pudimos parar un segundito a merendar, y volvimos a tener más avisos, hasta las 4 de la mañana. Entre ellos, dos paradas más. Una en torno a las 12 de la noche, una señora mayor, a la cual su hijo y su nuera estaban intentando reanimar a nuestra llegada. Por desgracia no pudimos hacer gran cosa por dicha mujer, pues ya llevaba media hora en parada cuando llegamos. El aspecto era impactante, estaba literalmente azulada, todo su cuerpo. Pero había que intentarlo.

El penúltimo aviso fue de otro señor mayor, en este caso también una parada, tampoco recuperada. El hombre llegó a llamar con su móvil a los servicios de Urgencias, pero cuando llegamos (tardamos seis minutos, nada de nada), no nos abría la puerta. La suerte fue que el vecino tenía llaves y pudimos entrar, pero ya nos temíamos lo que estaba ocurriendo. En este caso, al no abrirnos nadie del interior del domicilio, tuvimos que llamar y esperar a la Policía Nacional, por protocolo, mientras intentábamos reanimarle, también sin éxito en realidad.

Finalmente, a las cuatro de la mañana, nos llamaron por un joven belga borracho que se estaba tirando en la avenida a los coches. El motivo de llamarnos era simplemente porque estaba agresivo con los policías y personal del Soporte Vital que mandaron (ambulancia menos equipada que el SAMU) y había que calmarlo con algún fármaco para poder transportarlo sin peligro para él ni para el resto del personal.

En fin, como veis, una guardia movidita. Pero pude aprender muchísimo, practicar compresiones, ventilar, intubar «a medias» (porque no intubamos como tal sino que ponemos una cosa que se llama mascarilla laríngea). A nivel docente, un must.

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